Hoy es 31 de diciembre. Es evidente, no solo porque las entradas en el blog tengan su fecha puesta, no solo porque el doodle que Google nos ha ofrecido hoy ha homenajeado este tan trillado día con unos dibujitos que bailaban, no solo porque el sugerente calendario del CSMA que tengo colgado en mi habitación por cortesía de la gran Trini así lo indique, sino porque hoy es el día que elige la gente para hacer un repaso a sus vidas y contárnoslo a todos los demás haciendo uso de las redes sociales, que supongo que alguna utilidad (a parte POR SUPUESTO de cotillear) tenían que tener.
Hay dedicatorias para todos los gustos: los hay que se ponen sentimentales (bueno, creo que esta característica es más que general), los hay que han perdido a alguien (esta es la única dedicatoria que entiendo, ya que nunca es mal momento para recordar los pasos de una persona que ha caminado contigo), los hay que han viajado (e, insufriblemente para una persona en sus cabales, ponen todos y cada uno de los lugares que se han maravillado con su bendita presencia, o por lo menos eso piensan ellos), los hay más entrañables, los hay enamorados... en fin, en inventos como feisbuk, hoy es uno de los días donde la gente se siente más social que nunca (yo creo que el origen de todo es una suerte de enajenación mental producto del empacho navideño). El problema es que esta especie de sociabilidad impregnada de dulzura (pero no de la del chocolate, sino de esa que te provoca vómitos de arco iris) es cansina y vacía el 90% de las veces. Siento decirlo, pero el "cambio de año" es una convención social como otra cualquiera, basada en tradiciones culturales que, claro está, tienen su valor (el ser humano es un animal puramente cultural), pero que, bajo mi punto de vista, es llevado al absurdo en las personas que piensan que algo va a cambiar mañana, día 1 de enero.
Me gusta la idea, sin embargo, de que existen momentos de reflexión en la vida, momentos en los que, ya sea por un éxtasis de felicidad, de una alegría radiante que te recorre todos los poros de la piel en un escalofrío despampanante, o debido a una tristeza profunda, de esa incomprensible que te impide respirar, ver, oler e incluso llorar, te obligan a echar la vista atrás para intentar comprender hacia dónde se dirige tu sendero. Entonces, y solo entonces, las palabras elegidas para hacer un recorrido sobre lo que verdaderamente ha tenido significado rezuman vida, vuelan y hacen volar, respiran, corretean, algunas te hacen sonreír y otras te arrastran hacia un pozo de inextinguible tristeza... son palabras que salen del fondo del alma, que te limpian por dentro, que te ayudan, te apoyan... y, a veces, incluso te persiguen. Tuyas, inmensamente tuyas, fruto de tu emoción, de un momento que, para bien o para mal, te pertenecía y, sobre todo, consecuencia de una decisión no dogmatizada, no social, no perteneciente al cansado universo de las normas sociales, sino producto de que tus venas transporten sangre y de que a tu mente se le permita (por una vez), soñar.
Palabras sobre papel que una ráfaga de aire se llevó (o se llevará), pues el camino natural de las palabras es el viento...
martes, 31 de diciembre de 2013
lunes, 11 de noviembre de 2013
Ni amor, ni odio, a veces ni respeto,
a veces ni relación.
Un contigo no vivo, un sin mí no existes,
un querer tocarte y vivirte,
un no sé qué de algo,
que no se explica.
Poder compartirte siendo mío,
casi más mío
que cuando solo yo te tengo.
Llegas a poseerme.
Llegas a ser más yo que yo,
aunque en realidad sin mí
no eres nada.
A veces te busco y no te encuentro,
estás donde siempre
y no estás,
¿o me he ido yo?
Me desnudaste de improviso,
a traición,
pero, ¿había ropa?
Y en tu busca me di un coscorrón,
dos, tres,
media docena.
El día que dejé de buscarte,
de querer ser más tú
que tú mismo,
te volví a ver.
Y ahora te intento conocer,
poco a poco, sin prisa,
oyéndote hablar por primera vez.
a veces ni relación.
Un contigo no vivo, un sin mí no existes,
un querer tocarte y vivirte,
un no sé qué de algo,
que no se explica.
Poder compartirte siendo mío,
casi más mío
que cuando solo yo te tengo.
Llegas a poseerme.
Llegas a ser más yo que yo,
aunque en realidad sin mí
no eres nada.
A veces te busco y no te encuentro,
estás donde siempre
y no estás,
¿o me he ido yo?
Me desnudaste de improviso,
a traición,
pero, ¿había ropa?
Y en tu busca me di un coscorrón,
dos, tres,
media docena.
El día que dejé de buscarte,
de querer ser más tú
que tú mismo,
te volví a ver.
Y ahora te intento conocer,
poco a poco, sin prisa,
oyéndote hablar por primera vez.
martes, 10 de septiembre de 2013
El paraguas de colores
Llovía a cántaros. El problema
es que acababa de perder su elegante y caro paraguas, de
talle elegante y fácil apertura, y el único que encontró fue el que su sobrina
se había dejado olvidado la noche anterior, de todos los colores del arco iris. El dilema acabó con la decisión de que, entre su dignidad como jefe de sección
y su traje nuevo, no pasaba nada por aguantar unos cuantos chistes en la
oficina. Y desde luego los colores del paraguas cumplieron a la perfección con
las jocosas expectativas, todo unido a que se derramó el café por la mañana y
tropezó con su propia silla, lo cual le había hecho viajar en el tiempo, al
patio del colegio y a sus gafas, y a ese niño torpe que aquel día había
vuelto a hacer de las suyas.
Chapoteando entre los charcos de
la calle, Juan volvía a casa malhumorado. De repente, notó como si una fuerza
se apoderara del colorido paraguas. Empezó a escuchar una melodía tenue que le
hizo olvidar la lluvia que caía con fuerza en aquel instante; una sensación
cálida iba abriéndose camino en su pecho, y la melodía fue perfilándose como la
canción que su querida yaya le cantaba al ir a dormir. No sabía por qué, pero
en esa dulce atmósfera recordó algo que le había dicho su hermana. Ella era
enfermera en el hospital y le comentó que los miércoles había un taller de
cuentacuentos en la planta de pediatría. En ese momento sus pasos le encaminaron
hacia allí. Cuando llegó, su hermana le recibió muy sorprendida: “Pero si a ti
no te gustan los niños” le dijo. Pero ese día era diferente.
Armado con su paraguas
multicolor, hizo volar con las alas de
la imaginación a aquellos niños, que vivieron mil aventuras. No se reconocía
mientras el paraguas tomaba otra forma y se convertía en la más colorida
serpiente del Circo Mundial, que un día escapó y se hizo amiga del
Pamplinoplas. Tampoco en las lluvias de gominolas del Mundo de las Hadas, ni en
la increíble historia de doña Caracola, la más risueña brujita de Transilvania.
Llegó la hora de irse. Seguía envuelto en la melodía de su
infancia y cuando, al llegar a casa, dejó el paraguas de colores en el
paragüero y se acostó, una sonrisa adornaba le adornaba el rostro.
lunes, 20 de agosto de 2012
Miradas
Todavía no se había normalizado su respiración. Entró
al vagón… Notaba cómo las miradas se posaban en él… Pero no era posible, había
limpiado la sangre de sus manos. Y, sin embargo,
la mirada azul de la chica que mascaba chicle, del señor con el mono gris,
hasta aquella mujer con el cochecito de bebé… todos ellos lo sabían, clavando
los ojos en sus pupilas; la agitación de su ser empezaba a ser insoportable…
cuando llegó a la parada, sus pasos le encaminaron a la comisaría, el
remordimiento agitado a través de las miradas de aquel viaje…
sábado, 18 de agosto de 2012
Tren destino Soria
Después de tantos años, todavía se acuerda de lo que sintió
al ver acercarse aquel trenecito, tan diferente a los Cercanías a los que
estaba acostumbrada. Subió, inquieta, pues no conocía bien su próximo destino. Los
nombres de los diferentes pueblos, Coscurita, Tardelcuende, la imponente
Sigüenza, con su perfil medieval… la llevaban a la gran desconocida. Entre
pinares y traqueteos de tren, Soria llegó, con sus gentes, tan aventureras y a
la vez tan ancladas en el pasado, con el romanticismo de sus antiguos
caserones, con su encanto, que te atrapa y ya no te suelta…
martes, 31 de julio de 2012
Verdad, mentira.
Es una cama muy cómoda. Aunque creo que idealizo sus propiedades cuando me encuentro en el séptimo sueño. El terrible despertador me ha arrebatado de un timbrazo esa vida en paralelo, ese ratito onírico que te permite aguantar las vivencias de cada día, de las cosas de verdad...
Hace unos cuantos miles de años, un tal Heráclito afirmaba "todo fluye, somos y no somos". Esta frase se puede pensar desde diferentes perspectivas. En realidad, cada día puede ser una distinta, y no nos equivocaríamos. La única verdad es que todavía no sabemos para qué estamos en este mundo, ni tampoco por qué se nos ha concedido la conciencia y la inteligencia, si, después de cientos de miles de años de evolución y de inventos increíbles y maravillosos, no hemos conseguido dar con la única verdad terrible, la de que va a llegar el día en que no seamos más que pasto de los gusanos. Nos esmeramos en encontrar un sentido para nuestra existencia en este globo de color azul, entregando nuestras horas a un sueño, nuestras lágrimas a un imposible y nuestras sonrisas a un momento. Y pensamos que la suma de estos movimientos van a conseguir que cuando nos encontremos cara a cara con la inexorable, daremos ese paso con la conciencia tranquila, puesto que nuestros días han estado repletos de contenido, de vida.
Somos, y no somos... pero realmente, ¿hemos descubierto quiénes somos? Esta frase es la verdad pura. Todo puede cambiar en un momento dado, en el que las verdades indiscutibles que describen tus actos se desmoronan, y te encuentras desnuda, desamparada y sintiendo la cruda realidad atravesando como un cuchillo frío tu cuerpo. ¿Qué es la verdad? Probablemente hay tantas verdades como personas pueblan este planeta, y seguramente todas sean mentira. Cada sociedad en la historia ha sido una serie de mentiras ordenadas de tal modo que parecen una indiscutible verdad, y que nos permiten dormir tranquilos por las noches, y realizar en esta cómoda mentira nuestro ciclo vital, dejando escapar los minutos hasta que ya no nos queda más tiempo.
Hace unos cuantos miles de años, un tal Heráclito afirmaba "todo fluye, somos y no somos". Esta frase se puede pensar desde diferentes perspectivas. En realidad, cada día puede ser una distinta, y no nos equivocaríamos. La única verdad es que todavía no sabemos para qué estamos en este mundo, ni tampoco por qué se nos ha concedido la conciencia y la inteligencia, si, después de cientos de miles de años de evolución y de inventos increíbles y maravillosos, no hemos conseguido dar con la única verdad terrible, la de que va a llegar el día en que no seamos más que pasto de los gusanos. Nos esmeramos en encontrar un sentido para nuestra existencia en este globo de color azul, entregando nuestras horas a un sueño, nuestras lágrimas a un imposible y nuestras sonrisas a un momento. Y pensamos que la suma de estos movimientos van a conseguir que cuando nos encontremos cara a cara con la inexorable, daremos ese paso con la conciencia tranquila, puesto que nuestros días han estado repletos de contenido, de vida.
Somos, y no somos... pero realmente, ¿hemos descubierto quiénes somos? Esta frase es la verdad pura. Todo puede cambiar en un momento dado, en el que las verdades indiscutibles que describen tus actos se desmoronan, y te encuentras desnuda, desamparada y sintiendo la cruda realidad atravesando como un cuchillo frío tu cuerpo. ¿Qué es la verdad? Probablemente hay tantas verdades como personas pueblan este planeta, y seguramente todas sean mentira. Cada sociedad en la historia ha sido una serie de mentiras ordenadas de tal modo que parecen una indiscutible verdad, y que nos permiten dormir tranquilos por las noches, y realizar en esta cómoda mentira nuestro ciclo vital, dejando escapar los minutos hasta que ya no nos queda más tiempo.
lunes, 30 de julio de 2012
Adiós mi desamor...
El problema se encuentra en las vanas ilusiones, en pensar que la felicidad reside en un abrazo, en un beso...
Yo era una chica bastante normal, salvando las distancias. Siempre intentaba ser buena persona, reírme a carcajadas una vez cada dos días, algo indispensable para el equilibrio existente entre el cuerpo y la mente, soñar despierta era y sigue siendo una de mis aficiones habituales, andar pensando en la Luna, mirar a la Luna por las noches imaginando y reviviendo caminos andados, esforzarme en los estudios cuando la ocasión lo requería, y dejar pasar los minutos en mi pequeño universo de cosas pasajeras, y que tan eternas nos parecen cuando las vivimos.
Sin embargo, un día mi corazón dio un vuelco y dejó de latir a un ritmo constante. Un chico apareció, y su nombre se escribió con letras mayúsculas en mi pecho, impidiendo al resto de los órganos actuar con libertad. Empezó tomando forma en algún resquicio traidor de mi soñadora mente, y poco a poco fue adueñándose de mi débil cuerpo, hasta invadir toda mi persona, que ha vivido hasta entonces intentando huir de tan incómodo visitante.
Porque él no siente lo mismo. Supongo que es injusto, un sentimiento que se ha convertido en el motor de toda tu existencia y que sólo ha entrado en tu interior para oprimirte, para tenerte atrapada entre sus fauces como si de un Cancerbero se tratara. Algo que podría ser tan hermoso, se ha convertido en una plaga que ha invadido tu interior, y que sientes en tu pecho extendiendo la tristeza, que sale a borbotones a través de las lágrimas de tus ojos.
Pero hay que seguir. El camino vendrá con más sorpresas, y, dado que la Fe mueve montañas, habrá que trabajar mucho esa fe para escalar este bache tan molesto...
Pero lo conseguiré.
Yo era una chica bastante normal, salvando las distancias. Siempre intentaba ser buena persona, reírme a carcajadas una vez cada dos días, algo indispensable para el equilibrio existente entre el cuerpo y la mente, soñar despierta era y sigue siendo una de mis aficiones habituales, andar pensando en la Luna, mirar a la Luna por las noches imaginando y reviviendo caminos andados, esforzarme en los estudios cuando la ocasión lo requería, y dejar pasar los minutos en mi pequeño universo de cosas pasajeras, y que tan eternas nos parecen cuando las vivimos.
Sin embargo, un día mi corazón dio un vuelco y dejó de latir a un ritmo constante. Un chico apareció, y su nombre se escribió con letras mayúsculas en mi pecho, impidiendo al resto de los órganos actuar con libertad. Empezó tomando forma en algún resquicio traidor de mi soñadora mente, y poco a poco fue adueñándose de mi débil cuerpo, hasta invadir toda mi persona, que ha vivido hasta entonces intentando huir de tan incómodo visitante.
Porque él no siente lo mismo. Supongo que es injusto, un sentimiento que se ha convertido en el motor de toda tu existencia y que sólo ha entrado en tu interior para oprimirte, para tenerte atrapada entre sus fauces como si de un Cancerbero se tratara. Algo que podría ser tan hermoso, se ha convertido en una plaga que ha invadido tu interior, y que sientes en tu pecho extendiendo la tristeza, que sale a borbotones a través de las lágrimas de tus ojos.
Pero hay que seguir. El camino vendrá con más sorpresas, y, dado que la Fe mueve montañas, habrá que trabajar mucho esa fe para escalar este bache tan molesto...
Pero lo conseguiré.
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